Los cerezos de El Regato

Cada primavera, El Regato florece y los cerezos extienden su manto blanco para recordarnos que pronto será tiempo de cerezas. El Regato siempre ha sido más industrial que agrícola. El carboneo era, junto a las ferrerías y la recría de ganado, el medio de vida más importante. El terreno abrupto con inclinadas pendientes, no era el más propicio para el cultivo, sin embargo los cerezos ocuparon un lugar muy importante para el sustento de muchas familias.

Cerezos de El RegatoLas laderas del valle estaban cubiertas de centenares de cerezos. Su abundancia y delicioso sabor dieron merecida fama a sus cerezas. Temporeros llegados de diferentes zonas se encargaban de la recolección de grandes cantidades de cerezas, que eran llevadas a los mercados de numerosos pueblos. Recuerdan nuestros mayores, que durante la recogida del fruto se solía cantar, con un solo objetivo: mientras cantas, no comes. La cosecha de la cereza, suponía una inyección económica muy importante para muchas familias. Algunas personas mayores de El Regato, también recuerdan como si fuera ayer, cuando bajaban con los cestos cargados de cerezas, hasta el mercado de Barakaldo y de la Ribera en Bilbao, en carros tirados por burros y caballos. Las laderas de La Quebranta, Karraskal, Tiralday, Malacuesta, Masia, El Tope, Tellitu, Goikosolua, Treskilotsa, Monto, Santa Lucía,… eran zonas cubiertas de cerezos. Anteriormente, a la guerra civil española vecinos y vecinas de El Regato pusieron en marcha la Fiesta de la Cereza, para festejar la llegada de este fruto y como punto de venta. La fiesta se perdió tras la guerra.

“Corrían los años 30, eran tiempos difíciles. Yo vivía en la Casa de La Quebranta con mi marido y mis dos hijos. Trabajaba de sastre, oficio que aprendí desde muy joven, y así me conocían, como ‘La Sastra’. Crecí rodeada de cerezas, eran parte de mi vida, así que un día, decidida, organicé junto a amigos y vecinos una romería para festejar la recogida de la cosecha que había sido excelente. Aquel domingo de junio baje en mi vieja burra con los cestos repletos del fruto rojo. La plaza de El Regato fue testigo de la primera Fiesta de La Cereza, y así comenzó todo”.

La incorporación de trabajadores a las explotaciones mineras y a las industrias que proliferaron a lo largo del siglo XX, hizo que paulatinamente cambiase el sustento económico de las familias, pasando del sector primario al secundario. El incipiente desarrollo del sector maderero de mediados de siglo, hizo también que proliferaran las plantaciones de pino y eucalipto propiciando la desaparición paulatina de las explotaciones de cerezos. Los tiempos fueron cambiando y hoy en día se conservan y mantienen ejemplares, y algún nuevo injerto, para consumo doméstico.

EN LA VARIEDAD ESTA EL GUSTO

Existen diferentes variedades de cerezas, las más comunes: ‘Negrilla’, ‘Onza’ y ‘Agirre’. Las primeras cerezas en madurar son las llamadas ‘negrillas’, más dulces, blandas y de color muy intenso. Cuando esta variedad se agota, ya se pueden recoger las conocidas como ‘blanquillas’ o de ‘onza’, más tersas y con cierta acidez y de color entrevenado. La variedad de ‘Agirre’ es también algo más tardía. Son más grandes y más robustas que la negrilla, y en textura más tersas. El pasado rural de El Regato y sus cerezas no caen en el olvido, son todo un símbolo de nuestro pueblo, por eso cada año lo rememoramos con la fiesta de la cereza, que recuperamos en el año 2006.   Cerezos en flor, en el centro la casa de La Quebranta

La casa de La Quebranta rodeada de cerezos en flor
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